El Friso de Beethoven, el mural más conocido de Gustav Klimt, se encuentra en el Secession de Viena.
© Belvedere Wien (als Leihgabe in der Wiener Secession)
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En torno a 1900 se concentraba en Viena la más alta cultura en todas sus manifestaciones. En el campo de la literatura, el de las artes plásticas, el de la arquitectura y la música fue surgiendo lo nuevo, abriendo nuevos caminos con un ritmo y densidad inigualables. Viena era en 1910, con sus dos millones de habitantes, la quinta ciudad más grande del mundo y el centro cultural indiscutido de Europa Central. Gustav Klimt compendió en sus cuadros los conocimientos y avances en el campo del arte y la ciencia de aquella época de cambios radicales. La obra de Gustav Klimt es el reflejo artístico del camino que se recorrió desde la "época de la Ringstrasse" hasta los comienzos de la abstracción: influido por Hans Makart, el pintor vienés que marcaba el rumbo a finales del siglo XIX, Klimt, junto con su hermano Ernst y Franz Matsch, aceptó el encargo de decorar algunos edificios de la avenida Ringstrasse. Decoraron, por ejemplo, las escaleras del Museo de Bellas Artes y del Burgtheater. La posterior creación artística de Klimt y el estilo que fue desarrollando en los últimos años, allanaron el camino a sus contemporáneos más jóvenes Egon Schiele y Oskar Kokoschka.
La asociación de artistas denominada "Secesión de Viena" creada por Klimt y sus compañeros artistas en 1897 para protestar contra una concepción del arte ya obsoleta, dejó huellas que resultan visibles aún hoy. La nueva casa de exposiciones, la Secesión, construida por Joseph Maria Olbrich, colaborador de Otto Wagner, luce el pionero lema de "A cada época su arte, al arte su libertad". Klimt creó para este edificio el Friso de Beethoven. Josef Hoffmann fue uno de los cofundadores de la Secesión. Con el Palacio Stoclet de Bruselas, y trabajando juntos, estos artistas crearon la obra de arte total más importante del modernismo del mundo. Klimt jugó también un papel importante cuando Hoffmann y Kolo Moser fundaron la "Wiener Werkstätte" (Taller de Viena), que contribuyó durante largo tiempo a reorientar el diseño. Las obras de arte creadas por estos artistas y sus contemporáneos se encuentran en Viena no solo en los museos y en las colecciones, la ciudad entera lleva su sello.
También la estructura social experimentó un cambio drástico a la vuelta del siglo. Los retratos de mujer creados por Klimt testimonian el ascenso de una burguesía con conciencia propia. El retrato de Sonja Knips que realizó en 1898 convirtió a Klimt en el retratista de la alta burguesía vienesa. Los retratos de Klimt, por ejemplo el de Fritza Riedler o el de Adele Bloch-Bauer (uno de los cuadros más caros del mundo), nos siguen fascinando todavía, al igual que el retrato de su compañera de muchos años, Emilie Flöge, que fue una mujer emancipada y moderna.
El palacio Belvedere de Viena cuenta con la mayor colección de cuadros de Klimt del mundo, 24 en total. También el Museo Leopold, el Wien Museum y la Albertina poseen obras importantes de Klimt, y en el MAK (Museo Austriaco de Artes Aplicadas) y en la Biblioteca Nacional se pueden encontrar importantes testimonios sobre Klimt y su tiempo.
En 2012, año conmemorativo de Klimt, podremos constatar en Viena, en qué medida el artista y su círculo - el "Arte Moderno Vienés" - siguen influyendo en nuestro modo de pensar y de vivir, y por qué sigue inquebrantable la fuerza y fascinación de aquella época.