En Viena no sólo existen cosas bonitas para admirar, sino también para comprar. Al encontrarse cerca de la escena queer, la calle comercial “más homosexual” es Mariahilfer Straße con grandes almacenes y boutiques especializadas en moda trendy.
Podrás encontrar a H&M, Benetton, Zara, como innumerables tiendas y boutiquespequeñas que ofrecen toda clase de productos y curiosidades. Por ejemplo, en una calle lateral, una tienda llamada Tiberius (7., Lindengasse 2) que recibe a una clientela con gustos especiales. Allí se encuentra una selección impresionante de atuendos eróticos de cuero y látex, así como todos los accesorios necesarios.
Una gama similar se te ofrece también en el Spartacus XXL-Store (6., Mariahilfer Straße 49). Encontrarás una amplia y variada selección de artículos. La tienda forma parte de un sex-shop gay gigante, nada recomendable para gente sensible.
Si te gustan las marcas con nombre, deberías darte una vuelta por las calles Kohlmarkt y Graben hasta llegar a Kärntner Straße. Con boutiques insignias como la casa Armani, Boss, Cartier, Gucci, Louis Vuitton y Prada, que representan la nobleza internacional de la moda en el centro de Viena. Al final de la Kärntner Straße, junto a la Ópera, están situadas las galerías Ringstrassen-Galerie. Este pasaje comercial, con boutiques exclusivas, te invita a ir de compras no sólo cuando hace mal tiempo.
¿La piel sólo te gusta en la tapa de los libros? No te pierdas de ninguna de las maneras la librería gay-lésbica, Löwenherz (9., Wasagasse 14). Allí encontrarás revistas internacionales, literatura, una gran selección de videos y DVD, así como una gran cantidad de libros con fotografías. Lo bueno que tiene esta librería es que se encuentra directamente localizada junto a uno de los cafés gay más coquetos de Viena. Siéntate con tu nueva adquisición en el Café Berg y empieza a hojearla tomando un “Großer Brauner” (un café con leche).
Si vas a por chollos y gangas, el mercadillo al lado del Naschmarkt es tu territorio cada sábado por la mañana. Quizás tengas suerte y encuentres alguna preciosidad de valor entre todas sus curiosidades kitsch. De todas formas es bastante divertido husmear y revolver los tenderetes, aunque como siempre en los mercadillos es habitual encontrarse con trastos viejos y baratijas. Y después, como es tradición en Viena un merecido descanso tomando un café en el Savoy (6., Linke Wienzeile 36).