Panal con abejas
© WienTourismus/Paul Bauer

Las vienesas superdotadas

El baile es una de las grandes pasiones de los vieneses: durante la temporada de baile se trata de bailes de salón; en el festival de danza Impulstanz, de movimientos contemporáneos; y en la colmena, de bruscas sacudidas. Y es que incluso las abejas se sirven de movimientos de danza para comunicarse. De esta manera indican a sus compañeras dónde están las fuentes de alimento de la zona.

El descubridor de la danza de las abejas fue el investigador Karl von Frisch, nacido en Viena. No se sabe si fue un gran bailarín, pero sí que su gran pasión fueron las abejas. En 1973 recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por sus descubrimientos pioneros junto a los etólogos Konrad Lorenz y Nikolaas Tinbergen. 

Aunque 200 años atrás las abejas ya habían centrado la atención de la mismísima emperatriz María Teresa. Fue ella quien fundó en Viena la primera escuela de apicultura del mundo en 1769. Todavía en la actualidad se encuentra una placa en los jardines del Augarten en recuerdo de Anton Janša, el entonces Maestro apicultor de la corte y rector de la Escuela de apicultura. ¿Qué mejor idea que decidir que el 20 de mayo (día de su nacimiento) sea el Día Mundial de las abejas? Las Naciones Unidas lo hicieron oficial en 2018 y resaltaron con ello la importancia de estos insectos zumbadores para nuestro ecosistema y para la economía.

Una metrópolis de 200 millones

Las abejas son de gran importancia también para Viena. Podríamos decir que en Viena las abejas revolotean de alegría. Aquí se trabaja duro para crearles un hábitat natural idóneo. Lo que muchos no saben es que las ciudades ofrecen las mejores condiciones de vida para estos insectos, sobre todo una ciudad tan verde como Viena. El gran porcentaje de superficie verde de esta ciudad (el 53 por ciento) y los innumerables balcones, terrazas y azoteas con plantas sirven de fuente alimentaria durante todo el año.  Algo que aprovechan unos 700 apicultores, que en verano permiten que hasta 200 millones de abejas zumben por las calles de la ciudad.

La administración municipal brinda apoyo a las abejas con la creación de prados naturales en los parques y con una agricultura ecológica. Hay colmenas por toda Viena, por ejemplo en los jardines municipales del barrio de Hirschstetten, en el barrio de Seestadt Aspern y en el Cementerio Central. Incluso el casco antiguo de Viena ofrece una morada para las abejas en lugares especialmente destacados, como por ejemplo los tejados y azoteas de la Ópera del Estado, la Secesión, el Kunsthistorisches Museum Viena o incluso el edificio del Ayuntamiento.

Bee happy en la “Villa Erbse“

En el apiario ecológico “Villa Erbse” se puede observar el comportamiento de las abejas. Rodeada de casas antiguas con jardines que han mantenido su estado natural y con una fachada pintada de color verde guisante (Erbse significa guisante), la “Villa Erbse” se encuentra situada en el distrito 23. 

“Una de las actividades principales de las abejas es explorar los alrededores; pueden recorrer hasta una distancia de tres kilómetros, siempre en busca de alimento”, nos cuenta Martin Asche, apicultor de la Villa Erbse, al inicio de la entrevista con la Revista de Viena. A las abejas les encantan el néctar y el polen, y todo esto lo encuentran en gran cantidad en los alrededores. Con el positivo efecto secundario de que polinizan los árboles frutales de la zona.

“Yo prácticamente he mamado el tema de la api­cultura. Ya mi padre tenía colmenas en el jardín”, nos cuenta Martin Asche. Su primer enjambre de abejas le llegó volando. Como según la ley, un enjambre que se ha escapado no tiene propietario si no se ha intentado capturarlo enseguida, pudo quedarse con él. Colgó su profesión de “barkeeper” y la cambió por la de “beekeeper”. “Las abejas y su crianza natural son muy importantes para nosotros”, nos asegura este apicultor ecológico varias veces durante la charla mientras nos abre una colmena. Sin vestimenta protectora, por cierto. “Solo en el pelo no me gusta tenerlas”, dice el joven “papá de las abejas” mientras nos muestra los dorados panales. En verano se dedica al cuidado de las abejas desde primera hora del día hasta última hora de la tarde, o cosecha la miel de sus más de 100 colonias de su propiedad en Viena y sus alrededores. Una colmena puede producir hasta 30 kg de miel al año.

Verena Manyet, su compañera, es la que gestiona la empresa y nos prepara entretanto una degustación de variopintas creaciones de miel. Las variantes exóticas con bayas y pétalos son verdaderamente formidables. 

A pocos metros se halla la casa de los vecinos. No hay por qué tener miedo, ya que las abejas de Martin Asche son muy pacíficas. El zumbido melodioso y el especial aroma de las abejas producen un efecto relajante. Martin Asche nos explica que se trata de una mezcla de feromonas, aroma de miel y polen. La apis mellifera (la abeja europea) es conocida por ser especialmente resistente y dócil. Por eso podemos acercarnos a ellas y admirar la impresionante vida interior de la colmena mientras Martin Asche nos sigue contando detalles sobre sus abejas. 

Desgraciadamente tenemos que despedirnos pronto, ya que la jornada laboral de las abejas empieza de nuevo a las 5 de la madrugada, cuando estos trabajadores animales salen de la colmena para volar en búsqueda de los mejores alimentos. Un ciclo eterno. Y cuando han encontrado el alimento, se ponen de nuevo a bailar locas de contento..

Texto: Karoline Gasienica-Bryjak

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