Carrusel de cadenas en el Prater de Viena
© Robert Seydel

Nostalgia en el Prater

Ya en 1403 mencionan en un documento el “Pratter“. En 1766 le regala el emperador José II a sus vieneses el área como zona recreativa. Los hospederos y las cafeterías tardan poco en llegar, seguidos de cerca por columpios, carruseles y pistas de bolos. La Exposición Universal de 1873, que tuvo lugar en el terreno de la feria actual, supuso un fuerte impulso para el Prater.

Donde actuaba el Rey del vals

En 1895 se construyó el terreno de entretenimiento "Venecia en Viena", surcado por sinuosos canales, y en 1897 se construyó la Noria Gigante, uno de los emblemas de la ciudad. El Prater se convertiría en un lugar de entretenimiento para todos: "empujadores" y salas de curiosidades compiten por ganarse el favor del público. Cantantes de Heuriger y coros femeninos interpretan lo mejor del rey del vals, Johann Strauss, o de los compositores de operetas como Joseph Lanner y Carl Michael Ziehrer.

Atracciones de feria históricas

La mecanización que llegó a lo largo del siglo XX trajo cada vez más atracciones modernas al Prater, o al menos lo fueron en su momento. Algunas de ellas se han conservado hasta nuestros días, como por ejemplo, la montaña rusa vienesa, en un rincón escondido detrás del Schweizerhaus. Carruseles de cadenas, anticuados trenes que pasan por cuevas y trenes fantasma aportan el encanto nostálgico de rigor. En el Museo del Prater, cerca de la Noria Gigante, el viaje hacia el pasado se acelera.

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