Wien, Jugendstil: Postsparkasse, Engel auf dem Dach

Belleza y abismo

Y es a estos cuatro protagonistas a quienes hay que agradecer que el penúltimo cambio de siglo fuera una época tan significativa para Viena y Austria en el campo artístico. En 2018 estos cuatro caballeros cumplen un triste aniversario: todos murieron hace 100 años. 2018 debe ser un año que coloque sobre la mesa las obras de estos y otros artistas excepcionales, los del antiguo «modernismo vienés».

El periodo transcurrido entre 1890 y 1918 fue el punto álgido de la historia austríaca, y la bicéfala monarquía Habsburgo se balanceaba entre la belleza y el abismo. Numerosas innovaciones en arte, literatura, arquitectura, música, psicología, filosofía, ciencia y sociedad marcaron el «modernismo vienés». Y los artistas fueron los precursores. Estos pusieron al descubierto la oxidada monarquía de los Habsburgo y retrataron en sus obras el fracaso de la política liberal que sucedió a la gran crisis financiera de 1873. Lo revolucionario surgió en todas las disciplinas de la vida, hasta que los horrores de la I Guerra Mundial barrieron la faz de la tierra; sería la primera cesura. La segunda llegaría con la anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938.

Modernismo vienés

Las figuras femeninas de Klimt, los implacables autorretratos de Schiele, las ideas de Wagner sobre una urbe moderna, el diseño de Moser, el psicoanálisis de Sigmund Freud, la música dodecafónica de Arnold Schönberg, las modernas sinfonías de Gustav Mahler (ambos compositores son representados de forma destacada en la Casa de la Música), el Tratado lógico-filosófico de Ludwig Wittgenstein (que también participó en la planificación de la Casa Wittgenstein en Viena) y los Paisajes marinos de Arthur Schnitzler solo son algunos de los grandes logros de aquella época. Lo nuevo surgía por doquier en Viena. En los cafés de la ciudad (especialmente en los cafés Museum, Central y Griendsteidl), literatos como Karl Kraus y Peter Altenberg discutían con otros intelectuales y artistas. Arquitectos como Adolf Loos, Josef Hoffmann y Josef Maria Olbrich edificaron construcciones muy distintas al estilo imperio de la Ringstrasse, utilizando también nuevos materiales. En los salones de la alta burguesía judía discutían artistas, políticos y científicos. Las mujeres, además, alcanzaron una visible y notoria emancipación: Alma Mahler-Werfel, Rosa Mayreder, Grete Wiesenthal, Lina Loos, Gina Kaus y Berta Zuckerkandl son solo algunas de las más relevantes. Viena se convirtió en uno de los centros intelectuales de Europa y en 1910 ya había alcanzado los dos millones de habitantes.

Urbanista y diseñador gráfico

En este biotopo de creatividad y espíritu de avance, Klimt, Schiele, Wagner y Moser alcanzaron el punto culminante de sus trayectorias. Otto Wagner era el «mayor». Personificaba un concepto nuevo de la época, en el que el espíritu emprendedor, el urbanismo y la creación se fundían en uno. Hoy se le definiría como diseñador, urbanista y promotor. Estaba convencido de que ningún objeto necesitaba más diseño del estrictamente necesario para cumplir correctamente su función. Al mismo tiempo, sentía un gran interés por el lenguaje de las formas, que debía reflejar la dinámica de la urbe y su optimismo por el avance. Especial mención merecen su proyecto para el ferrocarril urbano (hoy las líneas U4 y U6) y el acondicionamiento del río. Wagner no solo dejó su huella en el rostro de esta ciudad, sino que fue el profesor de Arquitectura de los alumnos de varias generaciones en la Academia de Bellas Artes.

Koloman Moser, por otro lado, sería visto hoy en día como un diseñador gráfico, pero también como diseñador de productos, arquitecto de interiores y diseñador de exposiciones. Desde papel pintado y libros, papel para correspondencia y muebles, pasando por vidrieras y carteles hasta logotipos, Moser lo hizo todo. No debemos olvidar que también era pintor. Las formas florales que diseñaba en sus inicios pasaron a adoptar un estilo de superficies claramente más geométricas, ornamentales y altamente estéticas. De este modo dio un carácter determinante a los productos de las mundialmente conocidas Wiener Werkstätte, de las que fue cofundador en 1903. Moser impartió clase en la Escuela de Artes y Oficios de Viena (hoy Universidad de Artes Aplicadas), que celebrará su 150 aniversario en 2017/18.

El beso y Wally

En la Escuela de Artes y Oficios también estudió Gustav Klimt. Al principio trabajaba junto con su hermano Ernst y Franz Matsch en la opulenta instalación del Burgtheater y el Museo de Historia del Arte. Con el tiempo, Klimt llegó a convertirse claramente en el favorito del público y en el retratista de la creciente burguesía. Sin embargo, su recorrido hasta llegar a convertirse en uno de los pintores más célebres de Austria no fue fácil: la visión que Klimt tenía del mundo y toda la piel desnuda que mostraban sus obras trajeron consigo no pocos escándalos. Hoy la pintura de Klimt constituye el prototipo del arte vienés que se hizo popular (y caro) durante las últimas décadas. Fueron especialmente los retratos femeninos los que llevaron la pintura del modernismo a su punto álgido. Su obra más conocida, El beso, puede admirarse en el Belvedere Superior.

Klimt también tuvo una gran influencia en Egon Schiele. Como más tarde sucedería con Oskar Kokoschka, Schiele compartía la fascinación de Klimt por la reproducción de figuras femeninas, estados anímicos internos y sensibilidad espiritual. La representación del cuerpo (especialmente el propio) llevó a Schiele al nivel de lo extático y lo demoníaco. Los trabajos de paisajes y ciudades de Schiele son obras maestras del expresionismo. Sus dos creaciones más conocidas (El retrato de Wally Neuzil y su Autorretrato con farolillo chino) cuelgan de los muros del Museo Leopold. Aunque Schiele solo llegó a la edad de 28 años, dejó tras de sí una vasta y notable obra.

2018 será un año dedicado a estos cuatro importantes protagonistas del modernismo vienés, entre otros. Se celebrarán numerosas exposiciones y eventos. Así que será muy interesante.

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