Fotomontaje de Sissi como personaje de fantasía

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La Sissi china

China está loca por la emperatriz Isabel. Sin embargo, al país asiático no solo le gusta el personaje histórico de Isabel. Los chinos sienten fascinación por un personaje inspirado en Isabel, pero que hace tiempo que la ha superado. Esta Sissi es a la vez austriaca y china. Tiene un carácter europeo y local, pero también es nostálgica y moderna. Una figura que no es un mero producto importado de Occidente, sino el resultado de una reinvención cultural. O, dicho de forma más sencilla: China no solo se hizo con Sissi, sino que también le infundió una gran dosis de vida propia. Hoy en día, Sissi, también conocida como «la princesa Xixi», como se la llama en China, está en todas partes. La Sissi histórica se funde con la Sissi de la trilogía cinematográfica austriaca de los años 50. Este personaje de ficción se considera ya en China como la princesa europea por excelencia. Un modelo a seguir y un reflejo de todo tipo de sueños y anhelos.

Fotomontaje de Sissi como personaje de fantasía
© Wikimedia/WienMuseum

Xixi se convirtió en China en un icono pop que encarna la imagen de una rebelde apacible con vestido de gala. Eso la convierte, sin más, en la figura publicitaria perfecta. Ya se trate de proyectos inmobiliarios, productos para el cuidado de la piel, ropa de cama o juegos en línea, pero también lencería, perfumes, bolsos e incluso aumentos de pecho y muñecas sexuales: Xixi es capaz de impulsar cualquier negocio. Y no solo eso: el nombre de pila Xixi también es muy popular en China. El origen de esta fascinante transformación y de esta singular transferencia cultural se remonta a mediados de la década de 1980. 

Fase de profundos cambios 

«La trilogía austriaca de Sissi, protagonizada por Romy Schneider, fue una de las primeras películas occidentales no comunistas que se doblaron para el mercado televisivo chino en la década de los 80», explica Ke-Chin Hsia. Este historiador, nacido en Taiwán, imparte clases y realiza investigaciones en la Universidad de Indiana en Bloomington (EE. UU.). Junto con la historiadora Fei-Hsien Wang, ha analizado desde un punto de vista científico el fenómeno de la «Sissi» china. «Cuando la trilogía de Sissi se estrenó en China continental a mediados de la década de 1980, el país se encontraba en una fase de profundos cambios. Tras años de Revolución Cultural y décadas de una cultura sometida a un estricto control político, el país comenzó a abrirse poco a poco», explica Hsia al referirse a la situación que se vivía entonces en China.

Una sorpresa, en el mejor sentido de la palabra  

A raíz de esta apertura, volvieron a llegar al país películas estadounidenses y de Europa occidental, que sin embargo se encontraron con un vacío, ya que, tras la fundación de la República Popular en 1949, las «reaccionarias» y «burguesas» producciones de Hollywood habían sido sustituidas por películas de la URSS, Europa del Este, Argelia y otros «países socialistas hermanos». Pero todo cambió en la China de los años 80: «Para un público que llevaba mucho tiempo aislado del mundo, estas películas eran mucho más que un simple entretenimiento. Eran ventanas al exterior, imágenes de otra vida, una mirada a un mundo que, hasta entonces, solo se conocía, como mucho, de oídas». Según Hsia, la trilogía aportó la combinación perfecta de romanticismo, glamour y sensación de libertad: «Sissi era occidental, pero no era un tema políticamente delicado. Su historia resultaba exótica y, al mismo tiempo, familiar. Y se prestaba a interpretaciones tan flexibles que una emperatriz austriaca podía convertirse en China en una figura casi autóctona».

Fotomontaje de Sissi como personaje de fantasía
© Wikimedia/WienMuseum

Según el historiador, lo que mostraban las películas de Sissi supuso para muchos espectadores y espectadoras una sorpresa, en el mejor sentido de la palabra. «Amor a primera vista. Castillos y montañas. Terciopelo, seda, uniformes y carruajes. Una joven que no solo era una cara guapa; que mostraba sus sentimientos, pero también sabía llevar la contraria; que sufría y, sin embargo, era tozuda». Para un público chino que, durante décadas, había visto sobre todo temas revolucionarios, obras políticas didácticas o personajes con un marco ideológico muy marcado, esto supuso un cambio radical de perspectiva. Según palabras de Hsia, Sissi aportó color, emoción y brillo a la gran pantalla, y lo hizo sin tener que dar explicaciones por ello. Las películas de Sissi llegaron a China en el momento adecuado.  

Ninguna amenaza colonial 

El hecho de que, precisamente, la figura de la emperatriz Isabel tuviera tanto impacto en China se debía también a otra razón. «Procedía de una monarquía europea que resultaba exótica, pero que apenas tenía connotaciones políticas. A diferencia de lo que pasaba con Reino Unido, Japón, Francia o Alemania, la memoria colectiva china no vinculaba a la monarquía austrohúngara con el imperialismo, la guerra o la amenaza colonial», explica Hsia. Fue precisamente esa distancia lo que hizo que el mundo de los Habsburgo pudiera integrarse: el esplendor de Sissi se podía admirar como un escenario de cuento de hadas al estilo de la vieja Europa, sin que ello provocara rechazo ideológico alguno. Eso le permitió ahorrarse gran parte de la carga histórica que habrían tenido que soportar otras figuras europeas.

800 millones de espectadores

En consecuencia, las tres películas de Sissi de Ernst Marischka se convirtieron en un éxito. En la década de los 80, las versiones dobladas al chino de la trilogía alcanzaron unos 800 millones de espectadores. Sissi había venido a China para quedarse. Desde finales de la década de 1980, la Televisión Central de China (CCTV) emite la trilogía cada año con motivo de las fiestas del Año Nuevo chino. «Algunos seguidores dicen que ver juntos la película de Sissi después de la gala anual de Nochevieja de la CCTV es un ritual familiar», explica Hsia al describir el profundo arraigo de la trilogía de Sissi en los medios de comunicación chinos. Pero Sissi no es la única que se ha hecho famosa en China gracias a las películas. Según Hsia, «Ding Jianhua, la locutora que prestó su voz a Sissi en la versión doblada al chino, se hizo famosa gracias a su memorable interpretación y, más tarde, llegó incluso a ser elegida diputada del Congreso Popular de Shanghái. Y en 1998, Romy Schneider fue elegida como una de las «personalidades famosas que la juventud china debería conocer» gracias a su interpretación de Sissi». 

En Baidu Tieba, una de las mayores plataformas de comunicación en línea de China, los seguidores de Sissi/Xixi se reúnen en el foro «Princesa Xixi» y comentan cada detalle de las películas. Según Hsia, «intercambian datos interesantes sobre la Sissi de Romy Schneider en el cine y todo lo relacionado con la emperatriz Isabel. Los fans han elaborado listas con todos los vestidos que lució Romy Schneider en la trilogía y han recopilado traducciones al chino de los poemas de la emperatriz Isabel. Naturalmente, siguen debatiendo sobre quién fue el verdadero amor de Sissi». Gracias a su popularidad, Sissi/Xixi llegó incluso a inspirar una pequeña moda que consistía en ponerle ese nombre a las niñas. 

Debate sobre la pronunciación correcta

«Aunque no se dispone de estadísticas precisas a largo plazo de acceso público», explica Hsia, «gracias a una base de datos de trabajos de fin de carrera de universidades chinas, es posible estimar aproximadamente la tendencia a llamar Xixi a las hijas entre las personas con un nivel educativo más alto». Desde 2010, el número de trabajos de fin de carrera cuyas autoras se llaman Xixi ha ido aumentando de forma constante y rápida. Según Hsia, «esto afecta, por tanto, precisamente a las generaciones que nacieron en la época en que se emitió por primera vez la trilogía de Sissi». Pero las curiosidades no terminan ahí. La popularidad de Sissi/Xixi llegó incluso a cambiar la lengua china, concretamente la pronunciación del carácter 茜. «En un principio, este carácter se pronunciaba «qian» en mandarín y se refería bien a la rubia roja, una planta con flores que se utiliza para producir tinte rojo, bien al color escarlata. Tras el éxito de la trilogía, «xi» —que en un principio era una variante fonética poco común, que solía servir únicamente para transcribir nombres de mujer extranjeros— se convirtió en la pronunciación principal en la República Popular, ya que muchas niñas escriben su nombre con ese mismo carácter y lo pronuncian como «xixi», exactamente igual que sus padres pronuncian el nombre de su querida Sissi o de la princesa Xixi», explica el historiador al describir el fenómeno. En los últimos años, este cambio fonético ha suscitado en repetidas ocasiones debates en Internet y en los medios de comunicación chinos sobre la pronunciación real de este carácter. «Durante los Juegos Olímpicos de Verano de 2016, la prensa china estaba tan dividida sobre cómo se debía pronunciar el nombre de una joven saltadora de trampolín cuyo nombre de pila contenía ese carácter, que la propia deportista tuvo que aclararlo públicamente», cuenta Hsia. «Me gustaría que me llamaran Ren Xi», dijo la deportista ante los periodistas en Río de Janeiro, y explicó con orgullo que le habían puesto ese nombre en honor a la famosa princesa Xixi. De hecho, tras ganar la medalla de oro en saltos de trampolín, un importante medio de comunicación chino anunció con entusiasmo: «¡Ha llegado la era de la princesa Xixi!»

Xixi como icono del consumismo 

Sin embargo, la verdadera era de la princesa Xixi comenzó en el mundo del consumo chino. Las principales plataformas de compras en línea, como Taobao.com y jd.com, ofrecen una variedad abrumadora de servicios y productos de consumo que llevan el nombre de la princesa Xixi o se inspiran en ella. La gama abarca desde artículos previsibles, como juguetes, accesorios para el pelo, bolsos, ropa de mujer y productos de cuidado personal, hasta cosas mucho más insólitas, como compresas, disfraces de Halloween, juegos de rol online, patinetes eléctricos e incluso muñecas sexuales de silicona. «Xixi encarna un poder de mercado que probablemente la verdadera emperatriz Isabel habría tenido dificultades para comprender. Sin embargo, tanto para los empresarios y empresarias chinos como para los consumidores y consumidoras, la princesa Xixi está estrechamente vinculada al romanticismo. «La historia de amor entre Sissi y Francisco José y su fastuosa boda imperial, tal y como se representan en la primera película de Sissi, siempre han sido un tema central de los relatos populares chinos sobre Sissi o Xixi», explica Hsia. Por eso es lógico que, en la década de 2010, varios propietarios y propietarias bautizaran sus estudios de fotografía de bodas con el nombre de la princesa Xixi. En Taobao se vendieron durante bastante tiempo artículos de decoración para el hogar destinados a recién casados bajo la marca «Princess Xixi Home Decor». Muchas de estas ideas de negocio desaparecen en el dinámico mundo del consumo chino tan rápido como han surgido. Esto también afecta al sector de la moda. Las empresas suelen probar suerte en este ámbito utilizando «Xixi» como símbolo de elegancia, romanticismo, nobleza, sofisticación europea y estilo femenino, en algunos casos, con un discurso de marketing escandaloso y que cuenta historias sin fundamento histórico. Una empresa de moda dirigida a mujeres jóvenes que trabajaban promocionaba sus productos con la historia de que la princesa Xixi ayudó al emperador Francisco José a convertirse en emperador del «país más poderoso de Europa en el siglo XIX» gracias a su «llamativa variedad de ropa y su estilo personal». Un mecanismo publicitario que se puede observar en todos los ámbitos del consumo. La fuerza publicitaria se hace especialmente patente en los productos que prometen una estética íntima o un mayor atractivo sexual: cremas para el cuidado vaginal, tratamientos de aumento de pecho y otras ofertas de medicina estética se comercializan bajo el nombre de «Xixi» o con referencias directas a «Sissi». Según Hsia, «En este contexto, Xixi ha pasado de ser un símbolo de belleza a convertirse en un objeto de deseo sexual manifiesto y de imitación física». 

Schönbrunn, cerca de Pekín

Xixi también está cosechando éxitos notables en el sector inmobiliario. A unos 50 kilómetros de Pekín, a mediados de la década de 2010 se construyó un complejo residencial temático que incluye un hotel, inspirado de principio a fin en Sissi y la monarquía de los Habsburgo. «Dingxiu Meiquan Xiaozen», como se llama el complejo, hace referencia directa al palacio de Schönbrunn. «Meiquan» es la traducción al chino más habitual de la residencia de verano de los Habsburgo en Viena. Promete «el ambiente imperial de Austria-Hungría». Ya en el vestíbulo nos espera un enorme óleo de la emperatriz Isabel y, en el restaurante Sissi, se sirve cocina de fusión occidental-china, en línea con esta fascinante fusión cultural. 

Texto: Johannes Luxner

Sobre los autores de «Sissi, The Chinese Princess: A Timely and Versatile Post-Mao Icon»: 

Ke-Chin Hsia nació en Taipéi, Taiwán. Estudió en Taiwán y cursó sus estudios de posgrado en Estados Unidos, donde se doctoró en Historia Moderna de Europa en 2013 por la Universidad de Chicago. Desde 2014 trabaja en el Departamento de Historia de la Universidad de Indiana en Bloomington, donde actualmente imparte clases e investiga como profesor asociado de Historia. Visita Viena casi todos los años, tanto por motivos de investigación como por placer. 

Fei-Hsien Wang es taiwanesa de nacimiento. Tras obtener un doctorado en Historia Moderna de Asia en la Universidad de Chicago y disfrutar de una beca de investigación posdoctoral en la Universidad de Cambridge, actualmente es profesora asociada de Historia en la Universidad de Indiana en Bloomington.

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