El eco de un imperio
Quien quiera debatir sobre cuál es la imagen de Viena más conocida a nivel mundial no necesita largos debates, da igual si se pregunta a personas de América, Asia, África, Europa o Australia. Es el pasado imperial de Viena lo que más se ha grabado en la mente del público internacional. Se ha convertido desde hace tiempo en un código internacional que permite situar a Viena de inmediato y dar a conocer su esencia en cuestión de segundos. No es de extrañar, ya que pocas ciudades del mundo cuentan con un patrimonio imperial tan espectacular y tan bien conservado como Viena. Se cuida y se valora como en casi ninguna otra ciudad. Este legado ha sido y sigue siendo un elemento fundamental de nuestra identidad, pero no a nivel político, sino a nivel emocional. Además, es un atractivo turístico sin igual.
Viena, un caso especial
Y es que Viena y Austria constituyen un caso especial en lo que respecta a cómo abordan su propio pasado imperial: «Otras capitales posimperialistas, en realidad, no tenían esa necesidad, porque siguen siendo capitales de grandes Estados nacionales», explica el historiador Philipp Ther, de la Universidad de Viena, al referirse a una de las particularidades (véase la entrevista en la página 14). Precisamente a partir de la década de 1950, la desaparecida monarquía de los Habsburgo volvió a ser un tema cada vez más presente. «Tras la Primera Guerra Mundial se produjo una breve pero conflictiva era republicana, lastrada por la hiperinflación, que arrasó con todos los activos financieros. A continuación, se impuso rápidamente el austrofascismo y, después, llegó el nacionalsocialismo», explica Ther. «¿Qué es lo que se habría querido recordar?». La monarquía vino al caso: «Así es como se recurrió a un pasado más lejano para desplazar a uno más reciente. Tras medio siglo de guerras mundiales y dictaduras, la monarquía apareció de repente bajo la suave luz del otoño».
Lo evidente y lo oculto
Hoy en día, las huellas de la monarquía están por todas partes. La increíble actividad constructiva de la época de la monarquía de los Habsburgo es la principal responsable de las especiales cualidades atmosféricas que caracterizan el estilo imperial. La opulenta Ringstraße, con sus palacios, edificios monumentales, viviendas nobles, hoteles de lujo y museos, ha marcado de forma duradera el carácter arquitectónico de Viena. No solo los edificios, sino también las personas desempeñan un papel importante en la conservación del patrimonio. Los historiadores no se cansan de analizar las complejas biografías de los miembros de la familia de Habsburgo. La famosa temporada de bailes de Viena lleva esto al extremo, cuando los visitantes nacionales e internacionales se arreglan con elegancia y sofisticación, hasta el punto de que uno podría creer que la monarquía, abolida en 1918, sigue en pleno apogeo. Los rituales de la corte se han convertido en fenómenos burgueses y turísticos.
El legado de la monarquía
Quizá sean estos fenómenos, más que evidentes, los que contribuyen a la imagen de Viena como una ciudad sumamente imperial. Sin embargo, los vestigios de la monarquía se han arraigado en Viena de una forma mucho más profunda. Incluso en aquellos ámbitos en los que quizá ni siquiera lo sospecharíamos, como en el lenguaje y en la cultura cotidiana. Ni siquiera muchos vieneses son conscientes de hasta qué punto el patrimonio inmaterial de la monarquía sigue resonando hoy en día a través de estas cosas aparentemente insignificantes. Y a la mayoría de los visitantes de Viena no les queda claro que, más allá del palacio de Schönbrunn, el Belvedere y los famosos museos a lo largo de la Ringstraße, aún hay muchísimas cosas de la época de la monarquía que merecen la pena descubrir. De eso precisamente se tratará en Viena en 2027. «Vienna, Grand New» invita a contemplar el legado imperial de Viena desde perspectivas totalmente nuevas y dirige la mirada hacia donde hasta ahora apenas se había prestado atención. Pero lo hace sin nostalgia ni cursilerías retro, ya que el legado imperial de Viena ya se ha idealizado y romantizado suficiente en el pasado.
Texto: Johannes Luxner